14 de abril de 2020

Las lecturas de infancia, las grandes ocasiones



" Los cuentos que contamos y que nos contaron, los libros en los que nos posamos o nos hundimos  las guardas y los dibujos en que nos hemos demorado sin apuro, el empeño con que hemos ordenado por color, por personaje, por tamaño nuestras colecciones, el lento recorrido del dedo por la línea sosteniéndole al ojo las letras, el ritmo que tenía cada cuento en nuestro recuerdo, ritmo definitivo y al que le debíamos fidelidad absoluta, la dosificación de los silencios, los énfasis, las sorpresas, la dicha que anticipábamos un momento antes del desenlace, cada una de las resucitaciones de la memoria en la voz que fluye, incluso el olvido en que se fue sumergiendo después todo eso tan importante en su momento, tuvo que ver con el tiempo en su doble dimensión: lo fatal y la ocasión. (...)
No son grandes ocasiones, son pequeñísimas ocasiones se se las recorta contra ese grand telón de fondo del tiempo. Porque ¿qué es un libro, un librito, en ese fluir, ese universal manar del tiempo que, para  gloria nuestra, registramos y para nuestras desgracia sufrimos? Poca cosa. Ni siquiera las grandes obras, las que se conservan en libros encuadernados en cuero con canto dorado a la hoja, tienen asegurada la inmortalidad del tiempo. Ni las grandes batallas literarias, ni las revoluciones en el campo de las letras, ni  los escándalos de las vanguardias ocupan mucho lugar en el fluir del tiempo. (...)
Y sin embargo...
Sin embargo, cuando se está en el lugar de la ocasión, en el instante instantáneo donde se abre la grieta, todo cambia. Aunque se trate de ocasiones mínimas. Las cosas se ven de otra manera. ¿Qué lugar ocuparon los modestísimos Bolsillitos de editorial Abril en mi infancia de niña suburbana, casi siempre metida en casa por culpa de mi crónica bronquitis? Un lugar importante, pudo asegurarlo. ¿Qué lugar ocuparon Los monos bailarines, de editorial Sopena, y la Enciclopedia Universal Ilustrada de Espasa Calpe en 81 tomos en la vida del sociólogo Darío Cantón como para que varias décadas después haya sentido la necesidad de dedicarles a esas viejas lecturas su nuevo libro? ¿Qué lugar ocupó ese relato dulcemente incestuoso, aunque muy imperfecto, de George Sand, Francois le Champi, que la madre le leía al niñito Proust por las noches? Juan Giordano un joven escultor argentino que ahora vive en Toledo me escribió para contarme que la madre y él, exiliados los dos en tiempos de dictadura, siempre trashumantes y con las valijas listas, usaban una parte de esas escasas valijas en acarrear la pila de Cuentos del Chiribitil. ¿Qué lugar ocupaban esos cuentos en la vida de Juan Giordano, incluso en la vida de la madre? Esa es la interesante vuelta de tuerca que supone la ocasión: desde el punto de vista de lo fatal es poca cosa, pero desde el punto de vista de la ocasión misma, vista de cerca, es inmensa, incluso parece capaz de tragarse el tiempo" Graciela Montes (2017:169/170). Del ensayo "La ocasión". En: Buscar indicios construir sentido.







7 de abril de 2020

El bosque nos hace falta

En "El libro del verano" (Sommarboken), Tove Jasson también habla del bosque, lo llama "El bosque mágico". Se va construyendo de a poco en una narración que parece ir rodeándolo sin atreverse a entrar en él de plano, hay vislumbres apenas de troncos agachados, marañas sumisas,  agujas, podredumbre. "El bosque mágico se había ido construyendo con penoso esfuerzo - dice la narradora-, de modo que el equilibrio entre la supervivencia y la extinción era en él tan frágil que no podía permitirse el menor cambio". Hay vida en el bosque, sin duda, ya que se escucha ruido de alas, rozar de patas (aunque las aves y los animales que los producen nunca se vean por estar sumergidos - dice Tove Jasson-  "en la perpetua oscuridad de la espesura"). Hay vida, sin duda, también en la muerte.
El bosque no es domesticable. La familia (así denomina la autora a los habitantes de la casa cuando funcionan en forma de tribu) pretende decorarlo, pero fracasa. La abuela, se "sabe más", se limita a entrar en él, internándose "más allá del pantano y los helechos". Luego se tiende en el suelo y mira el cielo a través de los líquenes y las ramas. Es un viaje secreto del que no habla. (...) 
Confío que este bosque me sirva para entrar a la cuestión de la diversidad y la diferencia con un espíritu más abierto. 
Se suele reivindicar la diversidad desde el punto de vistas ético, moral: habría derecho a ser diferente, y todos los diferentes deberían ser respetados en su diversidad. Sin embargo, el bosque parece indicarnos que la diversidad es mucho más que eso. Que no se trata sólo que sea lícita o respetable y que tengamos obligación moral de tolerarla, sino que es sobre todo bella, gozosa e indispensable. El verdadero motor de toda construcción de sentido, toda significación, toda lectura. El bosque nos hace falta. Pobres de nosotros si, desprovistos de bosque, ya no somos capaces de perdernos, de inquietarnos y deslumbrarnos frente a lo que nos resulta un poco oscuro, un poco enmarañado, un poco incomprensible! Sería como perder los enigmas. Y el que pierde los enigmas pierde también el deseo. "Lo otro"no sólo es respetable, "lo otro"nos hace falta. Sin "lo otro", "lo uno" se seca. Sin preguntas, las respuestas se atontan. De manera que, en lugar de defender el derecho a ser un extraño, voy a hacer el intento de reivindicar la extrañeza a secas. La buena, emocionante, deliciosa extrañeza, que nunca debería faltar en nuestras vidas. Dicho de otro modo: voy a defender la incertidumbre. Después de mucho pensar, me pareció lo más útil. Mucho más que hablar de mis certezas que, la verdad, son demasiado pocas"  GRACIELA MONTES ( 2017: 133/136).
 Ensayo: El bosque y el lobo. Construyendo sentido en tiempos de industria cultural y globalización forzada.  En: Buscar indicios, construir sentido. 
Otro cuento a dos voces con Sol.

4 de abril de 2020

Sintonía fina

"Si hay un ámbito que aloja, que permite el intercambio franco entre subjetividades falladas, incompletas, que es capaz de incluir los malestares de la vida cotidiana, es el de la familia. Pero la familia en tanto dispositivo que construya intimidad, un borde de espacio y tiempo que abrigue el deseo de compartir entre los más cercanos, quienes con la confianza y la comprensión garanticen que lo que allí se diga, lo que el niño y niña expresen provisoria e inacabadamente va a ser cuidado y alojado por los otros. Entregarnos a una intimidad que habilite al ser, en la que la escucha esencialmente sea la de aquello que puede ser potencial para que el niño/a genere las condiciones de descubrirse a sí mismo" La producción de la escucha. Hom, Inza, Oriolo, Tollo (2019: 133).



(La cuarentena la llevamos haciendo galletitas y armando nuestro librito carrousel siguiendo las indicaciones de Leandro!)

Leyendo nuestros cuentos favoritos



La cuarentena hay que llevarla de forma creativa, por eso elegimos algunos cuentos que amamos y los leemos a dos voces! 

1 de diciembre de 2017

Mi amigo Nietzsche



Aprender y enseñar no son dos verbos que se conjugan juntos... ¿Nuestr@s alumn@s aprenden lo que nosotr@s creemos que les enseñamos? ¿Lo que les enseñamos es lo que apenden? ¿Qué se queda afuera? Y lo que más me interesa, una vez que alguien "descubre" el camino de la propia autoconstrucción, ¿qué hace la escuela con eso?

Mi amigo Nietzche (2012)  es un corto de origen brasilero, con dirección de Faustom Da Silva. Ganador en 2013 del Festival del cine de Valencia.
Además del interesante trasfondo social que plantea, el marco fiosófico político es realmente fascinante.  Algunos referentes filosóficos de este corto: aparte de Nietzsche, Lou Andreas-Salomé y Paul Reé son insinuados en algunos momentos del corto. Siendo esta mujer y este hombre amigos íntimos de Nietzsche. 
Además forman parte del marco filosófico: Freud y Marx.
Todo resumido en 15 minutos.  


                                    (Salomé hostigando a Reé y Nietzsche)

30 de octubre de 2017

Tizas de colores.



Los deberes
por Herminia BRUMANA (1932).
 

Me mandan un alumno a la dirección y entra con un hosco gesto partiéndole en dos la frente ensombrecida.
No es necesario preguntarle nada para saber que la vida no lo acogió en el sendero de los felices. Tiene el cuerpo flaco, las rodillas ásperas, las zapatillas gastadas, el guardapolvo con remiendos, las manos nudosas y los ojos –los ojos, el espejo del alma- preñados de angustia.
No sé si la maestra ha podido ver todo eso, porque generalmente la maestra, a fuerza de ver los programas, el horario, el método, el procedimiento, el inspector y la técnica, concluye por no ver al niño.
Me lo han mandado “porque no hace los deberes ni estudia la lectura y no sirve para nada”.
Para captarme su confianza le hablo de cualquier cosa, lo primero que se me ocurre:
-Qué lástima, cómo se ha ensuciado el patio con esta humedad. ¿Viste?
.A “nosotro” nos embroma este tiempo para lustrar.
Ya está todo, ya no hace falta averiguar nada más para explicarse por qué es mal alumno. Trabaja, lustra.
-Y cuando la lustrada está floja -me dice después de otras cosas-. Los lunes y los viernes vendo pastillas...
-¿Y tu papá, qué hace?
-A mi papá lo llevaron al hospicio; estaba loco de tanta bebida...
¡No me atrevo a preguntar más, ni cuántos hermanitos son, ni que hace la madre, ni nada!
Me quedo doblada en dos, enmudecida, porque ya no es la primera vez que me contestan así, porque estoy cansada de comprobar que estos llamados malos alumnos no lo son por propia voluntad, sino porque la vida los maltrató primero. Ya me está dando miedo investigar nada, ya me está dando miedo acariciar un chico porque en seguida me abre su corazoncito, y ese corazón está siempre lleno de tragedia. ¡Y lo peor es que el mío no se endurece a fuerza de sufrir con la pena de estas criaturas.
Sino que se sensibiliza más y más, a tal punto que a veces me basta sólo la fugaz mirada de un niño para comprenderlo todo!
¡No, no me atrevo a preguntar nada más! Pero tengo que justificar mi autoridad en la escuela, tengo que intentar siquiera algo para decirle a la maestra que este alumno me ha prometido cumplir con sus deberes, repasar la lectura, atender en clase.
Y después de hablar un rato, termino pidiéndole:
.Me traes a mí una copia nada más. Cortita, lo que puedas, con lápiz, como sea. Una vez por semana... y si puedes dos. Así yo le diré a la maestra que me traes a mí los deberes, ¿entendido?
Si, me lo promete. Me lo promete y cumplirá. ¡Y yo tendré en mis manos unas hojitas borroneadas sucias, escritas con estas manos nudosas y ásperas que lustran zapatos de los otros para poder comprarse zapatillas!¡Primero será una copia, después el problema, luego más, más! Yo soy maestra y tengo el deber de pedirles trabajo para la escuela.
Porque si no fuera así, y me dejara llevar por el impulso de mi corazón, es probable que, cruzada de brazos delante de estos alumnos que no tienen padre, que comen mal y duermen peor, que cuentan diez años y ya saben lo amargo que es ganarse la vida dijera:
-¿Deberes? Ustedes no tienen que hacer deberes. Jueguen en la calle si les queda
tiempo, aprendan lo malo, háganse miserables. Nada de deberes. Ustedes no tienen ni el deber de ser buenos, porque les han negado el derecho a la felicidad.

Herminia BRUMANA (1932), Tizas de Colores,
en (1958) Obras Completas, Bs. As, Claridad. (p. 230)
Herminia Brumana (1901-1954) Maestra y escritora vinculada al feminismo y a las posiciones políticas anarquistas. En “Tizas de colores” presenta sus experiencias como docente primaria.

Sembrando teatros de papel

 El kamishibai es una forma de narrar que se define por el nomadismo...
Acá algunas experiencias con mis alumn@s del profesorado y "de viaje" por algunas escuelas.







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