12 de octubre de 2011

Comiendo papas fritas baratas llegamos al 12 de Octubre...


"La negación de los derechos humanos fundamentales, la destrucción del ambiente, las humillantes condiciones bajo las cuales las personas (apenas) sobreviven, la falta de un futuro significativo para los miles de niños como los que mencioné en mi historia, todo esto no es sólo, ni primariamente, un “texto” para descifrar en nuestros libros académicos a medida que avanzamos, en los temas posmodernos. Constituyen una realidad brutal que millones de personas sienten cotidianamente en sus propios cuerpos. El trabajo educativo que no esté
fuertemente relacionado con una profunda comprensión de dichas realidades (sin abandonar el análisis serio de la economía política y de las relaciones de clase) corre el peligro de perder su propia alma. Las vidas de nuestros niños exigen mucho más que esto.
En la historia que conté, raza y clase forman una intersección con relaciones coloniales y neocoloniales tanto nacional como internacionalmente.
Destaqué las conexiones entre las prácticas de consumo en Estados Unidos y el empobrecimiento progresivo de ciertos grupos, claramente identificables, en una nación asiática. Pienso que las relaciones de clase que emergen y son creadas en este proceso son evidentes. La destrucción de las relaciones de producción y el correspondiente empobrecimiento de miles y miles de personas, en un país como ése, no pueden separarse de la capacidad de consumo del pueblo de otra nación.
Sin embargo, ésta es también una historia sobre la dinámica racial y su institucionalización bajo formas coloniales y neocoloniales (McCarthy y Crichlow, 1993). Aquí se recrean estructuralmente relaciones de blanquedad. No constituye un accidente histórico que estas rela ciones internacionales sean creadas y toleradas entre un “centro” arrogante y una “periferia” que—cuando llega a ser vista— es considerada por los del “centro” como si estuviera habitada por personas “descartables”.
Mi intención básica es que pensemos críticamente lo social, reconozcamos que vivimos inmersos en procesos de dominación y subordinación que son muy ocultos. Comprender esto puede exigir que nos desprendamos del sentido común.
Esto requiere que veamos a la blanquedad en sí misma como un término relacional. Lo blanco se define no como un estado, sino como una relación con
lo negro o lo marrón, lo amarillo o lo rojo. El centro se define como una relación con la periferia.
En nuestros modos usuales de pensar estas cuestiones, la blanquedad es algo sobre lo cual no precisamos reflexionar. Está simplemente ahí. Se trata de un estado naturalizado de ser, de una cosa “normal”. Todo lo demás es el “otro”. Es el allá que nunca está allá. Sin embargo, al reposicionarnos para ver el mundo como constituido por relaciones de poder y dominación, la blanquedad como privilegio desempeña un papel crucial". 


La ilustración es de Saúl Oscar Rojas y pueden verlo acá



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