29 de agosto de 2009

De libros infantiles y exámenes de Pedagogía


Hace una semana estaba en la Universidad rindiendo un exámen final de Pedagogía. Me llevé un buen chasco... estudié un mes, viajé toda la madrugada para rendir, tuve que rendir escrito en lugar de un exámen oral como son la mayoría de los finales en las carreras humanas porque la profesora no estaba, y a una semana de haberlo rendido todavía estoy a la espera del resultado!!!! De más está decir que todo este cúmulo de hechos se da de bruces con el contenido de la materia... "Una crítica radical a la pedagogía de la modernidad" y una apuesta por las pedagogías alternativas, populares y críticas...
Como siempre, lo mejor de todo esto fue lo que se dio en los "bordes", lo "anecdótico"... Una buena conversación con un compañero que también estaba en "capilla" como le dicen al estado previo de espera de un exámen... la carne al disco que me comí en el centro de Tandil, para "festejar" el chasco, con un@s amig@s y la librería que encontré donde según reza el logo de la bolsa encontrás "Nuevos, usados, leídos, antiguos, olvidados, prohibidos,vituperados, mal interpretados,etc..."
Para calmar mi frustración me hundí en un mar de libros infantiles espectaculares... para traerle a Mai algo que pudiéramos compartir.
Entre las cosas que no estaban a mi alcance económico había un libro de Cortázar para niños, libros-album... en fin...
De lo que mi bolsillo podía, elegí "Antonio Berni, arte para niños", "Lumumba el moscardón" de Ricardo Mariño, que estábamos buscando con Mai desde hace un tiempo y "La torre de cubos" de Laura Devetach... Y , ahí, oh paradoja, el ánimo se me levantó, porque ante mis ojos tuve un ejemplo de la "resistencia" real, no académica, teórica, tan fácil de pregonar desde el escritorio de una cátedra... Me reconcilié con mi "ser maestra"... El libro de cuentos de la cordobesa está dedicado a "todos los maestros y maestras que hicieron rodar estos cuentos cuando no se podía"... y el exámen... desde esta óptica pasó a ser anecdótico en sí mismo y la anécdota se transformó en protagonista...



"Maravillosamente el libro siguió circulando pero sin mi nombre: era incluido en antologías, los maestros hacían copias a mimeógrafo y se los daban para leer a los alumnos. Muchos lectores se me acercaron después y me dijeron que habían leído mis cuentos en papeles sueltos, sin saber de quién eran. Recuerdo varias Ferias del Libro en las que las maestras me acercaban esas hojas mimeografiadas para que se las firmara."

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