14 de agosto de 2009

Los dueños de "La Verdad"




Cuando leo una crítica pobremente argumentada, expresada como una verdad clara y evidente, cual revelada por Dios y con errores en la escritura o de ortografía, me convierto en otra persona.

Muto en un ser cruel y despiadado, con un olfato certero para encontrar en el autor del escrito muchas más fallas de las que podrían sospecharse a través de su simple textito sin signos de puntuación, plagado de lugares comunes, repeticiones hasta el hartazgo y oraciones largas con que nos deleita.


Me irrita la gente que se cree apta para dar cátedra sobre cualquier tema. Que no admite una opinión dispar. Que generaliza y escupe máximas con total desparpajo sobre lo que sea. Y que ni siquiera está mínimamente informada sobre la cuestión que discute.

Resulta muy chocante que se crean autorizadas a debatir y argumentar acerca de todo, con rapidez para juzgar e inflexibilidad para opinar.

Lo que uno es, en cierto modo se desprende a través de lo que escribe y cómo lo escribe. En la Red se los llama Trolls y hay una máxima a seguir cuando te encuentras con ellos: Don´t feed the trolls (no alimentes a los trolls).




Todos nos hemos cruzado con estos ejemplares alguna vez. Personalmente reconozco que despiertan mi dragón interior. ¿A quién no?

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