30 de agosto de 2010

Nada de cuentos chinos, mejor cuentos japoneses


Ayer fuimos con mi hija y mi hermana a una jornada de actividades infantiles en la vieja terminal de colectivos. Aunque llegamos tarde pudimos escuchar el cuento "Avalancha, el terrible" del escritor  Tai Marc Le Thanh, relatado con una vieja técnica japonesa: KAMISHIBAI (drama de papel o cuento de papel, en japonés) .
Consiste en un pequeño teatrito de madera con puertitas que se abren y a medida que el narrador relata van pasando las imágenes. Era muy popular esta forma de narrar entre los artistas japoneses luego de la segunda guerra mundial. Montados en bicicletas, los gaito kamishibaiya o cuentistas de Kamishibai iban acompañados con un Hyoshigi. Este era un instrumento utilizado para anunciar su llegada. Recorrían los pueblos relantando sus historias.
Para muchos, el Kamishibai, es considerado uno de los antecedentes del actual manga (comic) japonés.
En esta oportunidad además, un violinista acompañaba el relato sonarizando muy cómicamente la historia.
Este cuento me hizo recordar un viejo libro que leí en mi infancia: Cuentos de hadas japoneses. Editado por la editorial Molino. El volúmen estaba ilustrado por Emilio Freixas. Leerlo era entrar a otro mundo. Estos relatos orientales, al igual que "Las mil y una noches", remiten a otros paisajes, otras maneras de vivir lo cotidiano y por supuesto un espectro distinto de "hadas", "genios" y "trasgos".



 
Recuerdo muy vívidamente cuentos como: Momotaro, el hijo del melocotón, El espejo de Matsuyama o El trasgo de Adachigara.
 



Como frutilla del postre, el espectáculo terminó con la presentación del grupo de música "La mar en coche". Las chicas desarrollan un hermoso repertorio, con riqueza de ritmos y sonidos pero por sobre todo entienden a la música como un juego (no por eso menos complejo) y en eso logran que tod@s canten y se animen a "jugar el juego"... ¡Antón Antón Antón Pirulero!




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