30 de agosto de 2011

La verdadera educación se da de persona a persona

Transcribo acá un extracto de la entrevista que Judit Gociol le hizo a Graciela Montes para la revista del Ministerio de Educación "El Monitor". La entrevista entera la encuentran acá



Entrevista a la escritora Graciela Montes
"La verdadera educación se da solo persona a persona"




 
-La relación entre la escuela y la lectura es el eje de esta charla con una de las mejores escritoras de literatura infantil de la Argentina. La autora rescata el rol esencial que los docentes deben tener en ese contacto inicial -y a veces único- que los alumnos y las alumnas establecen con los libros. "Los maestros tienen que hacerse cargo de que la clase es la gran ocasión de lectura para la mayoría de los chicos", asegura.
 
-¿Por qué las palabras deben domiciliarse en lo que llama la "frontera indómita"?


   
-No es que deban domiciliarse, porque las palabras atraviesan toda la actividad del ser humano, cualquiera sea el lugar donde esté colocado. Pero sí me parece que es interesante ensanchar esa zona de intercambio con el mundo donde uno construye sus propios sentidos, sus sentidos personales: la frontera indómita, justamente. La idea de esta tercera zona, donde uno construye su mundo personal, la tomo del psicoanalista Winnicott y la utilizo de otras maneras. Hay una zona que es de pura subjetividad, donde uno responde a sus necesidades, a sus impulsos y a sus pasiones; y hay otra que es el poder externo, el sistema tal como es, las relaciones de dominación o las condiciones materiales. Entre esos dos territorios existe una frontera, que es la de la construcción personal. Allí hay un montón de decisiones y de libertades que uno puede tomar, aunque parezcan muy pequeñas. Mi convicción, tal vez un poco optimista, es que siempre -aun cuando se está muy acorralado- existe un margen de hacer las cosas porque sí, "como a mí me gustan".

-¿Las palabras posibilitan ese margen de libertad?

 
-Justamente: la palabra personal. Si lo único que uno puede hacer con su palabra es reproducir las frases que se dicen en el noticiero o gritar, o aullar, eso no construye un lenguaje personal. El lenguaje personal se debe constituir en esa tercera zona de la que hablábamos, porque tiene que ver con la reflexión y la negociación con las palabras, donde cada uno toma un papel protagónico. Piensa con su cabeza, por decirlo de la manera más tradicional. Por eso, si se obliga a alguien a repetir un discurso tal cual fue dicho por otro, nunca se va a llegar a esa zona. En cambio, si uno elige recordar un poema, por ejemplo, estaría en ese lugar.


 
-¿Qué relación establece la escuela con esa frontera?

 -El trabajo de la educación es ensanchar esa frontera. A pesar de los lazos que muchas veces tiene con el poder, y de su función domesticadora, la educación está centrada en esa zona privilegiada del individuo, de su construcción personal. En este sentido, el maestro es una figura clave, porque la verdadera educación se da solo persona a persona, cuando el educador tiene enfrente a alguien que le importa como persona, que no es un apéndice de otras cosas. Eso le da una posibilidad única al que recibe esa relación personal. Ahora, si el maestro es un burócrata que no es más que un engranaje de una máquina de poder, nada de lo que podamos decir aquí, ni la revista El Monitor, ni mis textos, ni que manden cantidades de libros en paquetes a todas las escuelas, sirve de nada.

-¿Le parece que los textos teóricos, las conferencias o las visitas a los colegios también sirven para ensanchar esa frontera?
 
-A veces me resulta grato ver cómo lo que yo dije dialoga con la praxis de algunos maestros. Pero otras veces me preocupa que se repita como lección, que se recite la teoría y se discursee, pero no se enganche genuinamente con la práctica. Siempre me preocupa qué pasa con eso que yo puse ahí, cómo es leído y cómo es criticado. Porque en realidad lo dialéctico, lo que funciona, es que el docente que recibió mis palabras las haga jugar con su praxis y diga si eso es efectivamente así o no. Este tipo de reflexión es lo que hay que instalar, no se trata de ser mansas ovejas, ni de gente que en lugar de un discurso, responda a otro. No me gustaría que mis textos se convirtieran en una cartilla de memorización obligatoria. Ya sé, por supuesto, que nada es tan sencillo, que yo hablo desde afuera, que después van a venir las maestras a decirme: "Ah, sí, ¿y cómo hago, eh? Tengo 45 chicos, que además no comieron, y yo no cobro, mientras usted está ahí tan tranquila, con sus libros". Pero, de todas formas, espero que mis palabras se hagan cuestión y después me devuelvan todos los reproches que quieran.
 
-¿Cómo debe hacer la escuela para formar lectores?
 
-De lo que se trata, me parece, es de darle al lector la oportunidad de ejercer su lectura. Por supuesto que también hay que enseñar contenidos y conocimientos útiles, eso la escuela lo tiene que hacer. Pero el eje es siempre el individuo, la relación personal. El lector no es una persona a la que hay que llenarle la cabeza, sino alguien que debe pensar con su cabeza y que, de lo que el maestro le ofrezca, pueda tomar lo que crea que le sirve para su lectura. Es una actitud bastante diferente a lo que tradicionalmente se ha concebido como la función de la escuela: un entrenamiento para no caer fuera de la sociedad. Hoy tenemos pocas ilusiones respecto a la sociedad actual. Ya sabemos que no es la sociedad en la que creía Sarmiento, la "civilización". Sabemos que hay corruptos, que hay grupos de enorme poder, que las organizaciones internacionales nos llevan y nos traen de las narices, y que ni siquiera conocemos con exactitud quiénes las integran. De modo que no podemos ser ingenuos y pasarles a los alumnos una concepción del siglo XIX. Tener la convicción que tenía Sarmiento es muy difícil. ¿Qué es hoy bueno para el otro? Hay que abrir fisuras en un pensamiento que ha sido muy compacto, aunque la gente extrañe esa solidez, y a veces diga que antes era mejor. En fin: antes era como era antes y ahora hay que pensar algo nuevo.

El papel de l@s maestr@s... central... la relación persona a persona insustituíble

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